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Texts – Eduardo Stupía

Essay by Eduardo Stupía from the catalogue published on the occasion of the exhibition Mariano Ferrante at Centro Cultural Recoleta in Buenos Aires, 2009.

RedYellowBlueGreenOrangeTurquoise. It becomes evident that this is basically the color palette used by Mariano Ferrante in these new, elaborate pieces, which may also seem simple in their most evident architecture. However, when on the brink of becoming immersed in the day-like environment of these luminous inventions, we suspect this simplicity might be deceitful. The concentric or displaced circles, the squares, the diagonal strips and the vertical bars are combined, opposed and overlapped following a dynamic established based on a partially symmetrical axis. They are enriched yet denied, but never come close to disintegration because of the subtle alteration and structural traps that Ferrante applies over the apparent stability of the entire system, granting it a quality of intermittent vibration, of a fanatical, trembling homogeneity, as if the artist were attempting to find the essential nature of his geometry in every corner of a template, designed to exasperation. Ferrante focuses on the elegance of fissures, the mild disjointedness that results from displacing certain resources and details, in a programmatic, somewhat disguised way, from that which before our eyes shows a combination of solidly constructive elements.

Furthermore, when it comes to vibration, it becomes quite obvious that the summer temperatures that radiate from these pieces come from the high-pitched, chromatic sonority proposed by Ferrante, who reshapes and underlines the optical sizzling of the network, with small lines and reduced segments, subdivided and cut out based on the constant disruption of other sectors, with arbitrarily different widths that divide the field, and whose regulated irregularity contributes to the grace displayed by the otherwise rigorous composition.

Once we become familiar and used to the joyful rationality used by Ferrante to justify and underscore the astonishing manufacture of his surfaces, it is worthwhile letting oneself get carried away by the almost hypnotic effect of the series, its instant seduction, as if we were under the influence of an anthology of synthetic mandalas or a kaleidoscope-kinetic suite, where a lateral, spinning, brusque movement, present in every piece and in the continuity between them, has suddenly frozen over but continues to take place, and will continue to occur, in the eye of the beholder.

Eduardo Stupía
July 2009


Rojo. Amarillo. Azul. Verde. Naranja. Turquesa. Como puede verse, muy básicamente esa sería la paleta que Mariano Ferrante emplea en estos nuevos, elaborados lienzos, los cuales también parecen simples en su arquitectura más evidente. Sin embargo, a poco de internarnos en el clima diurno de estas luminosas invenciones, sospechamos que tal simpleza es engañosa. Los círculos concéntricos, o desplazados, los cuadrados, las franjas diagonales, y las barras verticales se combinan, contraponen y superponen de acuerdo a una dinámica establecida en un eje sólo parcialmente simétrico, enriquecido y a la vez desmentido, aunque nunca al límite de su desmembramiento, por las sutiles alteraciones y trampas estructurales que Ferrante ejerce sobre la aparente estabilidad de todo su sistema, y que le otorga esa cualidad de vibración intermitente, de homogeneidad tan fanática como trémula, como si el artista apuntara a encontrar el carácter esencial de su geometría en el resquicio mínimo de una plantilla diseñada hasta la exasperación. Ferrante se aplica a la elegante fisura, al descoyuntamiento leve que surge de descolocar programática y, de algún modo, disimuladamente, ciertos recursos y detalles de aquello que a la vista aporta a un conjunto de inapelable solidez constructiva.

A la vez, si hablamos de vibración, es bastante obvio que la temperatura veraniega que se desprende de estas piezas proviene de la clave alta con que Ferrante propone su impactante sonoridad cromática, que redimensiona y subraya el chisporroteo óptico de las tramas de pequeñas rectas y segmentos reducidos, subdivididos y recortados según la constante irrupción sobre ellos de los demás sectores, de anchura arbitrariamente variable, en que se divide el campo, y cuya regulada irregularidad contribuye a la gracia con la que se impone la por otra parte rigurosa composición.

Así que, luego de habituarnos, de ambientarnos a la jubilosa racionalidad con la que Ferrante justifica y apuntala la asombrosa manufactura de sus superficies, vale la pena dejarse llevar por el efecto casi hipnótico de la serie, por su instantánea seducción, como si nos halláramos bajo el influjo anímico de una antología de mandalas sintéticos o de una suite caleidoscópico – cinética, donde un arrebatado movimiento, lateral y giratorio, en cada una de las piezas y en la contigüidad de todas ellas, se ha visto súbitamente congelado y, no obstante, sigue sucediendo, y va a suceder, siempre en el ojo del espectador.

Eduardo Stupía, Julio 2009

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